La producción de casabe repercute en la economía de la región noroeste gracias al empuje productivo de esta comunidad
Y para muestra de ello, basta Monción, en donde la producción de casabe (aquel pan plano y crocante que los taínos obtenían de la yuca) es hoy una industria con un impacto socioeconómico tan decisivo en esta provincia, que se extiende a otras de la línea noroeste.
Más del 90% del casabe que se produce en República Dominicana proviene de este municipio, situado a casi 250 kilómetros de la capital y en el que 4 mil personas, de unas 14 mil que lo habitan, se ganan directa o indirectamente la vida pelando la yuca, “quemando” las tortas o comercializando este singular producto, que ha expandido sus fronteras en los últimos años.
Nicolás Almonte, uno de los pioneros en esto y mentor del casabe Guaraguanó, relata: “Aquí heredamos la tradición de hacer casabe de los indios. En 1976 nos vino la idea de industrializarlo, y hoy estamos exportando cerca de un 35% de lo que produce nuestra empresa”.
Almonte, que comercializa más de 20 variedades de casabe, añade que “en Estados Unidos hay una gran comunidad dominicana y latina que lo consumen, y también muchos jamaiquinos, españoles e hindúes” que demandan el casabe dominicano, o sea el de Monción.
De hecho, la exportación del llamado pan antillano a ese mercado aumentó un 109% el año pasado, pese a la sensible ausencia de apoyo estatal que según la Asociación de Productores de Casabe de Monción “frena” el crecimiento del sector.
A falta de muebles, casabe. Cristian Valerio, presidente de Asoprocamon, explica que el desarrollo de esta industria llegó al poblado justo a tiempo. “Antes del casabe, la industria del mueble tenía mucha incidencia aquí, pero cuando empezaron a construir la presa (de Monción) se restringió la tala de árboles y ese negocio disminuyó. Ahí fue que tomó fuerza el casabe”.
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